Abulia, Novatos y “Correcto”
Es ley de la vida que para existir hay
que deliberar, proceder, expresar y asumir un punto de vista político. Lo opuesto
a esta norma es ser abúlico, un vividor que se sustenta de los temores, un apático
que se paraliza frente a la acción. Es así como estos se han trasformado en la
carga que hunde a las sociedades en el precipicio, a la voluntad de un solo
hombre, o de un grupo, que le roba el carácter al colectivo para hacer lo que
se le venga en gana. Los abúlicos son un tipo de cáncer que carcome el ánimo y
la iniciativa de cambio, la sujeción que logra paralizar a un pueblo y lo lleva
a su propia desgracia.
Las personas con abulia son aquellas
que tienen falta de voluntad, iniciativa o de energía para hacer algo, es así
como esta falta de motivación se traduce en indiferencia a las decisiones
tomadas alrededor. Es de esta manera como el filósofo y político italiano Antonio
Gramsci describe a la indiferencia como el peso muerto de la historia, que opera
potentemente en la historia, en ocasiones pasivamente, pero opera. La refiere
como fatal y aquello con que no se puede contar. Tergiversa programas, y deshace
los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la
inteligencia. Es el mal que se abate sobre todos, ocurre porque la multitud de
los hombres abdica de su voluntad, permitiendo la promulgación de leyes, que
sólo la revuelta podrá derogar; consiente el arribo al poder de hombres, que
sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por
despreocupación y entonces aparece cosa de la fatalidad que todo y a todos
atropella: al que hace la vista gorda, lo mismo que al que controvierte; al que
sabía, lo mismo que al que no sabía; al activo, lo mismo que al indiferente. En
consecuencia, algunos lloriquean compasivamente, otros blasfeman deshonestamente,
pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi
voluntad, habría pasado lo que ha pasado?
En efecto, esta falta de motivación
hace que las decisiones trascendentes de la sociedad en temas políticos,
sociales, económicos, fiscales y demás, sean tomadas por personas que no
conocen de estos temas. Ha trascendido en la historia esa indiferencia, como
bien dice Gramsci es “un parasito” para la sociedad y su toma de decisiones,
esa gente que no reconoce ser blanco o negro, sino grises; calientes o fríos,
sino tibios; y solo dejan pasar las cosas, los momentos y las decisiones
importantes, tanto políticas, económicas, religiosas, culturales, entre otras;
por no querer ir mas allá, por no atreverse a pensar en algo diferente, por estar
amañadas en un único tipo de pensamiento. Son aquellas personas quejambrosas de
todo lo que se hace, pero que si le piden alguna opinión, son únicamente
destructivas, no aportan, son disolutivas, mas no tienen la voluntad de tomar
partido en el momento.
Es de esta manera que dejan la toma de
decisiones a los Outsiders, siendo este un individuo que accede en política, comenzando
de una influencia atesorada fuera de ella. Estas personas emanan habitualmente
del escenario de la farándula, de las artes, cultura o de algún otro campo
ajeno a la política, decir, un novato o inexperto en política. Por lo tanto son
gente sin una carrera política definida, de recorrido, con buenos antecedentes,
con acciones de admirar en temas políticos, siempre cuidando su reputación y
buen nombre dentro de esta esfera, pero no es así. Los abúlicos dejan que entre
a participar personas faranduleras, a decidir en temas impositivos, políticos,
sociales, de renta, hasta constitucionales; cosas gravísima, y la gente no toma
conciencia, capacitándose intelectualmente, preparándose en temas pertinentes y
no dejar que otros tomen sus decisiones.
Cabe entonces la pregunta, ¿Las
decisiones políticas son correctas o incorrectas? ¿Dependen de las personas que
las tomen su aceptación? ¿Quién determina si algo es políticamente correcto o
no? El decir si una decisión política es o no correcta, tendría un valor
relativo o de significado subjetivo, porque siempre habrá alguien que vea lo
negativo por más efectiva que haya sido esta política. Pero también es saber
¿Quiénes están tomando las decisiones políticas? Ha de suponerse que esta gente
debe ser capacitada y estar plenamente consciente de sus decisiones y responder
ante ellas; deben tener la autoridad ética, moral e intelectual para que sus
disposiciones y medidas sean aprobadas por la sociedad. Esto va a ser un dilema
hoy y siempre, todo dependerá de quien lo vea, quien lo conceptualice y lo
importante es llegar a un consenso de lo que está bien, lo que está mal y como
se quiere participar.
Cómo quisiera que existiese el antídoto global para
terminar con la indiferencia

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