Administración Pública en un escenario de Posconflicto
El
cese del enfrentamiento armado en Colombia, no involucra la terminación de las causas
del conflicto, la culminación del mismo presume la apertura de un nuevo período,
que de no ser asimilado y atendido a tiempo, puede trascender, inclusive más
lamentable que el anterior y establecer un conflicto social continuo en donde
las secuelas de la guerra se tornan el motivo de las problemáticas sociales que
vayan aconteciendo. De ahí la trascendencia de plantear que administración
pública se necesita en un escenario de posconflicto en Colombia. Así pues,
aunque simule una ilusión, el posconflicto es una certeza y proyecta una sucesión
de inconvenientes que deben ser reconocidos y examinados punto por punto.
Se
hace necesario resaltar que la institucionalidad de ningún modo ha sido competente
para fomentar esos medios de cooperación y que indiscutiblemente el poder del
miedo y la violencia armada, es un impedimento para la participación. Por estas
causas, aun con la terminación del combate armado, si no se promueven reformas
profundas de las circunstancias y acciones ciudadanas y si el Estado no se
apropia que la acción de participación e intervención política es un derecho ciudadano
y al mismo tiempo, que funciona para intervenir sobre las determinaciones y organismos
públicos, no conseguirá asegurar de transformaciones de base. No se puede inferir
que a menor violencia, inmediatamente, habrá mayor participación. No puede negarse,
que sin conflicto, las circunstancias son más propicias, pero para que haya más
y optima participación ciudadana, se necesita de ciudadanos conocedores de sus
derechos e involucrados con lo público.
Dentro
de este marco, el tipo de administración pública que se requiere implementar en
el escenario de un proceso de paz, en este caso, para el contexto colombiano,
un escenario de posconflicto, debe ser basada en políticas públicas efectivas
que intervengan en la sociedad y de garantías que lo implementado es de alguna
manera efectivo y va a traer ese cambio a la sociedad. Pero entonces, ¿de qué
manera la administración pública podría diagnosticar, formular y ejecutar estas
políticas públicas para sobrellevar un posconflicto? En estos escenarios es claro
que no es posible hablar de política pública, si esta no queda incluida en una
agenda pública, la cual esté priorizada estas políticas y le den la importancia
demandada para ser formulada y ejecutada.
Siendo
más específico, al hablar de políticas públicas es evidente que el principal
actor promotor y ejecutor de estas acciones debe ser el gobierno central, departamental
y/o municipal. Sin embargo, esto no implica que otros actores no puedan
desempeñar también un rol relevante en la agenda de formulación, implementación,
ejecución o evaluación; teniendo en cuenta la posibilidad que dichos actores conozcan
más realidades de cerca, hayan tenido una mayor aproximación a las poblaciones
que las entidades gubernamentales, principalmente en las problemáticas que
estas presenten, las formas de intervenir en estos ámbitos y no solo la
identificación, sino la caracterización de las poblaciones objeto de estas
políticas.
Un
representante importantísimo dentro de la administración pública para el caso
de un posconflicto, teniendo en cuenta que el Estado es el actor principal de
la política pública, son las diversas instancias no estatales como las organizaciones
sociales, iniciativas ciudadanas, la academia y en tales casos, las instancias
religiosas, pueden involucrarse como promotores, e incluso ejecutores, de
éstas. No obstante, es preciso tener claro que la acción de otros actores de la
sociedad civil no puede sustituir las funciones y responsabilidades que le
caben a ciertas organizaciones estatales en el tema de posconflicto, y en efecto,
este debe aportar bases sólidas para el fortalecimiento de la
institucionalidad.
De
manera adicional, esta participación debe ser abierta y pensada para la
sostenibilidad de los procesos de construcción de paz emprendidos por las
comunidades y poblaciones a las que van dirigidas las políticas, pues un
objetivo adicional es hacer a estos grupos capaces de participar autónomamente
en los ciclos de las políticas, evitar la dependencia de la acción de estos
actores y promover sus propias formas de intervención.
Atendiendo
a estas consideraciones, gestionar, formalizar o hacer administración pública
para el posconflicto, exige de un extenso margen de gobernabilidad. Esta situación
no obedece, únicamente de los conocimientos, las experiencias metodologías y estratégicas,
los recursos de que se habiliten ni de las intenciones de política que se pretendan;
también, son significativos concebir y establecer competencias y aptitudes para
inducir credibilidad, con el propósito de agrupar y activar el ímpetu comunitario
y político que integran la sociedad gobernada.

Comentarios
Publicar un comentario